Obviamente no sucede, más... los recuerdos permanecen intactos y sublimes por siempre.
Cuando llega la oscura y no deseada hora de tomar nuevamente los caminos ya trazados, respiro profundamente un sol antes, y en la siguiente mañana, ya no hay más que una falsa resignación y frente a ellos no lloro.
¡Vaya si es sabía mi alma!
Cuando estamos solos ella y yo, sin más ni más. Fluyen líquidos amargos, son torrentes que se deslizan, me enceguecen y caen buscando mi boca, para que ella también sepa lo amargo de sus ausencias.
— Edgar Plata —
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