Según... Vivía entre la soledad, el silencio y quizá la amargura por algo que nunca dijo y nadie sabía.
No salía de esa gran mansión, los jardines crecían tanto, que empezaron a apoderarse de las paredes, los sucios cristales. Las puertas ya no se abrían.
Se sabía que aún vivía, porque a una de las ventanas llegaban los cuervos y otras aves a comer lo que ella dejaba en los filos de los socalos.
Solo se veía su mano todas las mañanas, dejar algo de comida para las aves.
No comprendía como lograba abastecerse, nunca salía y ser alguno jamás entraba a aquella inmensa mansión.
En aquel lugar nunca se escuchaban ruidos.
Además de misterioso, se estaba volviendo terrorífico el lugar en mi percepción.
Ni tan siquiera ví su rostro, sabía que era una mujer por la manga que cubria su brazo. Y la forma de sus manos.
Había pasado más de cinco años allí, como vecino de aquel misterioso lugar y su desconocida e incógnita mujer.
Los árboles ya cubrían gran parte de la gigantesca casa, de tres pisos.
Me preguntaba... ¿Como logra abastecer sus necesidades de alimento, nunca enferma, nunca grita, nunca sale?
Los cuervos aún venían allí, podría ser una generación nueva de cuervos y de otras especies de aves. ¿Tanto tiempo?
Porque los relatos hablaban de más de 25 años.
Algunos contaban que treinta años atrás vivía una numerosa familia muy acomodada en ese lugar. Que un día cualquiera no vieron a más nadie salir o entrar a esa casa, hasta que empezaron a percatarse que había alguien allí.
La misma que durante más de veinte años estaban observando.
Un día estuvo allí la policía, no ingresaron, solo... Llamaban con altavoces pero nadie salía.
Repentinamente llegó un auto blanco, descendió de allí un hombre mayor, habló algo con los policiales y todos se marcharon.
Nadie preguntó, nadie dijo nada.
Yo, yo quedaba cada día más intrigado con el misterio de aquel lugar, de aquella mujer de la que nadie sabía su nombre, su edad o sus condiciones reales.
Fuí a buscar a la persona que escuché contar la historia de la familia numerosa que vivía allí.
Era un hombre de unos setenta años, vivía con una mujer joven con alguna deficiencia mental y un perro al que llamaba mercurio.
Me atendió un domingo de mañana, ya le había ofrecido unas amargas y un queso.
Me abrió las puertas de la casa y me causo curiosidad la joven mujer, que caminaba con la cabeza observando el piso, no levantaba la mirada, no hablaba, nada murmuraba y parecía estar enferma.
El hombre me dijo que además de mercurio, estaba Sofía (la joven mujer) y el, que se llamaba Víctor.
Nunca me pregunto mi nombre, solo me había presentado el día que la policía estuvo en las afueras de la mansión de la misteriosa mujer.
Así que le pregunté por la historia que conocía de la "casa grande", porque asi la llamaba Víctor. (La casa grande)
Primero me pregunto: ¿Que por qué el interés en saber de ese lugar y esa mujer?
Y tenía razón en preguntar.
Le dije que era solo curiosidad y que además de ello a mí me gustaba escribir. Y me había fascinado esa historia; a lo mejor escribiría una novela o un cuento por lo menos.
El hombre me miró tranquilamente y con voz serena dijo... Claro.
No se mucho. (dijo).
— Allí había una familia numerosa, llevo cuarenta años en este vecindario, era yo joven aún, las personas de ese lugar no interactuaban con nadie de este barrio. Solo los veía allí.
El portón grande de acero que ves en la parte frontal siempre estaba cerrado. En su interior había hermosos jardines, era la casa grande, la más bonita de estos lugares.
Siempre pintada de blanco, mujeres jóvenes muy hermosas, elegantes caballeros y algunos niños veía en ocasiones pasearse por lo jardines.
En aquel entonces la correpondencia era dejada en un buzón que almacenaba todo en la parte interior de la casa, hoy solo ves un orificio de cemento. Alguien se llevó un objeto de lámina que había allí.
Algo curioso de esa casa, es que llegaban cuervos y otras aves, como aún hoy.
Muchas aves frecuentaban esos jardines y esos árboles que en aquel entonces eran más pequeños.
Seguramente habrás visto que en la parte de atrás de la casa, hay un bosque, unos muros altos y que lo encierran.
Nadie entra allí, es propiedad privada. Dijo. ¿Tu entiendes?
— Claro. Respondí
Algunos chicos dicen que ven por las grietas de los muros, a una mujer adulta de unos cuarenta o cincuenta años, caminar y recojer hortalizas, allí también hay árboles frutales.
Entonces creo que la mujer que vive allí, se alimenta de esas cosas maravillosas que provee la tierra.
— Empecé a darle respuesta a una de mis preguntas.
Dijo Víctor — Lo que no sé, es... ¿Que sucedió con todas aquellas personas que vivían allí?
— Pregunté... ¿Quien sería el hombre del carro blanco?
¿El que estuvo el día que la policía estuvo en el lugar?
No sé decirle. Me contestó.
Solo se que es todo un misterio lo de aquella familia y la soledad de aquella mujer.
Al final me despedí, sin mucho haber averiguado. Por lo menos ya sabía como lograba alimentarse.
Y me quedaba la preocupación por aquella joven que vivía con Víctor.
No me atreví a preguntarle nada de ella, tendré que comprar otras amargas y queso, para ir con un pretesto de visita. Preguntar por ella, si es hija o... ¿Quién es?
Cada vez me intriga más, seguiré investigando decía para mí.
Una noche muy de esos días, observando (la casa grande), ví una luz que se paseaba por el segundo piso, era la luz de una vela, que lentamente pasaba de una ventana a otra.
Se ponía cerca a la ventana donde los cuervos se alimentaban, allí su tenue luz, me hablaba de la soledad de un ser que quizá sufría o quizá vivía la mejor de las vidas.
Eso, ese era el misterio.
¿Por qué la soledad de tanto tiempo?
Salía yo diariamente a mis labores y regresaba, solo buscando la forma de algún día poder hablar con esa persona, o mínimamente saber más.
Porque cada vez que preguntaba, nadie sabía nada. Lo más verás era la información de Víctor.
Así pasó un tiempo no muy largo, hasta que un día ví su rostro asomarse por la ventana.
Ella, si, una mujer de unos cincuenta años se quedó mirándome fijamente y sentí un temor indescriptible. No era de noche, era de día, digamos las cuatro de la tarde.
Pero al mismo tiempo estaba fascinado, desde el lugar intenté saludarla, pero ella se ocultó nuevamente.
Era de cabello oscuro, alta, por la costextura lo supe, morena mulata, ojos grandes, algo especial tenía.
Ya no sentia terror, solo más curiosidad, iniciaba yo el camino a un "infierno, o a un cielo mas".
Esa noche empezó a aumentar mi insomnio, no lograba conciliar el sueño.
Dormía quizá a las tres de la mañana y a las seis estaba despertando para reiniciar mis labores.
Ese día de trabajo, afortunadamente fue una corta jornada, solo pensaba en el momento de llegar y volver a sentarme en la mecedora, no perder de vista la casa, y mi anhelo ahora era... Volverla a ver.
Si la veía ya no sentiría miedo, le hablaría de inmediato, la saludaria.
A lo mejor me contesté. — Me decía yo —
Paso la tarde, llegó la noche y solo vi la vela pasearse por la habitual ruta.
Luego se apostó cerca a la ventana, de apagó al mismo tiempo que mis ojos se cerraron.
Esa noche dormí en la silla mecedora.
Y dormí bien. No extrañe la cama, no desperté de intervalos, no me mallugue el cuerpo. Desperté a las seis. Levantando mi mirada a la ventana pero solo vi, los cuervos.
La rutina se había convertido casi en una obsecion.
De mi cuarto de inquilino a mi trabajo, de mi trabajo a la silla.
Esperando ver nuevamente el rostro de aquella misteriosa mujer.
Recuerdo que era sábado de mañana. Había tomado unos días de descanso.
Me senté allí donde lo hacía desde muchos días atrás.
Y la ví nuevamente asomarse a la ventana, como si supiera que yo la deseaba ver.
Me levanté presuroso y la saludé... ¡Buenos días! Exclamé sin retirar la mirada de su presencia.
Levantó una de sus manos, la izquierda por cierto, su rostro no hacía gesticulación alguna, su mirada era firme, creo que ni parpadeo y se fue nuevamente.
Sentí una enorme satisfacción.
Esta vez no sentí tristeza, o sorpresa alguna, o pena, o incertidumbre.
Mi ser se llenó de una satisfacción indescriptible.
Me senté nuevamente, llegó la noche y les juro, que nuevamente dormí en la silla.
Pero la luz esa noche no ví.
Casi siempre veía el paso de una vela de ventana a ventana. Esa noche; ¡no!
Esa noche fue oscura, pero con una sensación muy agradable.
A la mañana siguiente vi los cuervos y otras aves alimentándose a los filos de la ventana, nunca la ví, ni tan siquiera ví su mano.
— A lo mejor estaba dormido y ella asomó su torso por la ventana, a lo mejor solo su mano. (Me indagaba)
Me reprochaba a mi mismo el haberme dormido.
Aquel día pasó como casi todos los días, los cuervos comieron, se fueron y a ella nunca ví.
— Aquella noche decidí que al día siguiente, iría a visitar a Víctor. Así lo hice.
Comprar amargas y queso, era lo favorito de Víctor. Ya me lo había dicho.
Llegué, y mercurio ladraba. Víctor exclamó. ¿Quien?
Ahora... Víctor no sabía mi nombre, que respondo pensé.
El loco escritor y curioso.
Solo hubo silencio y de repente la puerta se abrió un poco.
— Hola Víctor, vine a saludarles y traje queso y amarga.
— Muy gustoso saludo, abrió la puerta. Pacese me dijo.
Y ahí estaba parada en el Saguan Sofía.
El se sentó en un viejo tronco y me invitó a sentarme frente a el, en un taburete, a las afueras de su morada, bajo una matas de plátano y un caudal de agua que armonizaba el lugar.
— Y cuéntame ... ¿Que le trae nuevamente por acá?
Gracias. Nada especial Víctor, quise venir a traerle lo que me dijo que tanto le gusta.
Se levantó, fue a la cocina y trajo un cuchillo, corto parte del queso, sirvió dos vasos de agria y me invitó a acompañarlo.
Le recibí, jamás había comido queso y pasarlo con cerveza.
Fue agradable.
— Era el momento propicio para indagar sobre Sofía.
— Y ella, Víctor. Que se había apostado en un rincón del Saguan.
Ella, ¿no come queso y no toma amarga?
No joven.
Y yo ya tenía cuareta y ocho años y me dijo "joven"
— Ella toma medicamentos y no debe tomar esto.
— Claro
¿Está enferma?
No y si joven.
Ella es sordita y muda, sufre ataques epilépticos.
¿Es su hija?
No.
Es una sobrina, sus padres murieron en un accidente y quedó muy niña sola.
La traje a vivir conmigo, de cuando en vez viene, una hermana mía y me ayuda a asearla y cambiarla.
Ella es un ser que no causa daño alguno, vive así pasiva como la ve. Su mundo es el silencio, nunca la he visto llorar, tampo ríe.
Cuando la tía la baña parece que sintiera vergüenza.
Ella se apoya en esa roca y se baña "de mala manera" con el agua de esa fuente.
Pero no es suficiente.
A veces pienso; Decía Víctor.
Que la vida de algunos seres son verdaderos infiernos o cielos que no comprendemos.
Ya tiene treinta años y ha sufrido más de lo que ella misma no sabe.
Sus ataques son todo un sufrimiento para mí, como será para esa criatura.
Se decía Víctor contándome.
— Ya sabía yo, que pasaba con Sofía, de que se alimentaba la mujer de la (casa grande)
La que ahora me causaba una curiosidad diferente a la de hace unos tiempos atrás. Incluso ya me hacía falta verla.
Cambie la conversación y le conté a Víctor que había visto a la mujer de la (casa grande) asomarse por la ventana en dos ocasiones.
Una me había ignorado totalmente y hasta me llene de pánico; en la siguiente ocación la saludé y ella levantó su mano izquierda y se refugió nuevamente.
— Víctor me miró de una manera que me causo cierto temor.
Su mirada fue desafiante y hasta pareciera apuñalar mi alma.
No decía nada, calló por unos segundos, se levantó, tomó un machete que estaba cerca al platanal.
— Por poco y salgo a correr.
Corto un vástago de plátano, solto la afilada herramienta, tomó el racimo de plátano y lo puso a mis pies.
Se sentó nuevamente en la roca.
Me miró sin pronunciar palabra, yo, yo no sabía que decir o hacer.
Mis pies creo que temblaban, la inseguridad se apoderó de mi.
Víctor agachó la mirada, y sin mirarme a los ojos dijo:
Llevarás está racimo y lo dejaras en la parte donde está el árbol seco.
Allí hay una pequeña puerta que podrás abrir, solo dejaras el racimo allí y cerraras nuevamente.
No vayas a entrar.
— Entonces me atreví a preguntarle,
con confianza, me había tuteado.
Sabes más de lo que me contaste días antes. ¿Que tiene que ver el obsequio a la mujer?
— Sabes más de lo que deberías saber. — contestó Víctor.
Aquí podras venir cuando quieras, lleva el racimo y déjalo donde te dije.
Ahora me disculparas joven, tengo cosas por hacer hoy.
Gracias, asentí con la cabeza y me fuí.
Tan pronto como estuve allí frente a la gran mansión como le llamo yo, busque la puerta frente al árbol seco.
Efectivamente la puerta se abrió fácilmente, dejé el obsequio allí, cerré y me retiré.
Saqué de la habitación la silla.
Me senté allí, no comprendía lo del racimo, el entusiasmo por verla era aún más grande.
¿Será que baja, va recoje el racimo, será que la esperó en la puerta?
No. No debe ser así, debo ser paciente. Esta historia es muy larga y yo escasamente llevo dos años con la intriga.
Debo tranquilizarme, trataré de no incomodar.
Mientras pensaba eso, sentado en la silla. Me dormí profundamente.
Entonces soñé.
Soñé que de la luna salían luces pequeñas, medianas y grandes; que la luna se ensanchaba y repentinamente la luna explotaba y temerosos todos corrían. Empesarian a caer grandes, medianas y pequeñas rocas negras.
Todo era un caos y aunque caían sobre todas partes a mi no me asustaba eso. Que era como si no estuviera en el lugar.
Que solo veía como si todo fuera una gran pantalla, no había estruendos, ni calor, ni frío.
Repentinamente desperte. No estaba en la silla mecedora, estaba en un lugar desconocido.
Era un inmenso pasillo, donde muchas puertas se veían, el lugar era abandonado y olía a encierro.
Intenté levantarme y no pude.
Entonces sentí nuevamente miedo.
No podía comprender lo que sucedía.
El cuerpo empezó a despertar y pude mover mis manos, después los pies, sentía como si estuviera atado a esa banca en madera de aquel pasillo, pero en realidad no tenía ninguna atadura a mi cuerpo.
Escasamente empecé a mover la cabeza y ví que ella estaba ahí, a mi lado; no podía hablar, todo era confuso, era una mujer más alta de lo que suponía, si era morena, robusta de ojos oscuros, vestía una bata blanca y su cabellera dansaba con el viento, olía a canela.
Me miraba sin pronunciar palabra alguna, yo estaba en un estado como de shock.
Todo empezó a fluir con calma y empecé a respirar pausadamente, y sorpresivamente me sonrió.
Sus manos eran finas como su piel.
La edad que yo suponía de ella quizá era fantasiosa, era muy atractiva ya mi cuerpo y mi mente empezaron a percatarse que estaba dentro de la (casa grande) en la mansión.
— ¿Que haces aquí? Me pregunto, con una voz muy suave pero firme.
— No sé cómo llegué aquí.
Ella camino dos, tres o cuatro pasos y se sentó frente a mi.
Me observaba con detenimiento y me dijo: Sé todo lo que has estado pensando y deseando.
No tengas miedo. También se qué viste caer las rocas oscuras de la luna
Se que estas aquí porque la curiosidad te trajo.
¿La curiosidad?
— Si.
"Ahora estaba más anciosio que antes".
Donde diablos me había metido pensaba yo.
— No te has metido a ningún lugar, que no haya sido porque has querido.
— Leía mi pensamiento.
Ya te dije que debes estar tranquilo, tu deseaste venir y saber y hoy iniciaste a cumplir tus deseos.
Ahora, si te quieres ir, lo puedes hacer.
Yo, no te he traído aquí a la fuerza, tú viniste y eres bienvenido.
Guarde silencio, quizá era lo mejor que podía hacer, al final todo lo que pensara ella lo sabría.
Y en verdad siempre fui yo quien quería saber más, y como dijo Víctor... Sabes más de lo que deberías.
— Quiero quedarme respondí, si quiero saber de ti, de tu historia, de muchas cosas quiero saber.
— Lo sé.
— A veces es bueno no saber más de lo necesario, me dijo.
Pero tú elegiste saber más y lo sabrás.
De ahora en adelante estarás aquí, no irás al trabajo, aquí escribirás tu vida y lo que quieras, aquí sabras del ser.
Elegiste quedarte, te ofrecí regresar, irte, y decidiste buscar respuestas.
Ya no podrás cambiar la desición.
¿Comprendes?
— Todo estaba hecho.
De a poco fuí volviendo a una realidad que no me era fácil de asimilar aún.
Antes me estaba obsesionado por verla, por saber de ella. Ahora estaba allí y por momentos deseaba no estar.
Las dudas aún se apoderaban de mi. Ella me seguía mirando fijamente y decía suavemente: Ya estás aquí, no dudes más, podras seguir escribiendo tu propia historia.
Entonces recordé el racimo de plátanos y le dije donde lo había puesto, ella volvió a sonreír nuevamente. Su sonrisa era mágica en verdad.
Logró conmoverme y sentirme agradado de estar cerca a ella.
Tenía todas las desventajas. Ella sabía lo que yo pensaba, y, yo por el contrario, estaba intentando comprender todo aquello.
Sin saber cómo, ni de dónde, sacó un vaso con agua y me lo ofreció.
Ya parecía que mis emociones estaban como en un columpio.
Volvía y me iba.
¿De donde o quien trajo un vaso de agua, si jamás lo había visto en sus manos, ni ví nadie que lo hubiese traído?
El agua la tomé confiadamente; Más fresca agua jamás había tomado.
No pude resistirme y le pregunté: ¿De donde sacaste el agua, si no te has movido de ahí?
Agachó levemente la mirada y respondió... Ya te dije que a veces es mejor no saber más de lo necesario.
— Siempre quedaba en jaque.
Ya no sabía si hablar o callar.
— Eso es... Murmuró. Calla, observa y algo aprenderás.
Estas en mi mundo. — Dijo.
Allá afuera tenías mil preguntas y hoy tienes más de un millón.
Sigue acá sentado mientras quieras, o camina por donde desees, iré a recoger algo y te dejaré solo.
Estarás más tranquilo así.
Tenía nuevamente razón ella.
Partió lentamente por ese largo corredor y la observé mientras se alejaba, cruzó a la izquierda y yo quedé solo sentado en aquella banca.
Pensativo, pero sin la presión de su presencia.
Ya me estaba acostumbrado al olor a encierro, observé con detalle a mi alrededor y solo veía paredes sin pintar, corroídas por la humedad y al fondo un cuadro grande, colgado en una pared que daba de frente.
Así que me puse de pie y fui, con la curiosidad habitual a investigar.
Era un cuadro "familiar, pensé".
Ahora no recuerdo con exactitud pero... Había más de trece personas, no era una fotografía, era un dibujo muy bien hecho.
Debió de haberlo creado un gran artista de los pinceles.
Entonces recordé las palabras de Víctor cuando decía que dentro de la casa, había grandes y hermosos jardines y veía regularmente niños y personas allí.
Eso había plasmado en la obra. Dos niños, una niña recuerdo bien; adultos, jóvenes y dos más ancianos en el centro de todos.
Ibservé con detenimiento cada rostro sin contar con exactitud cuántos eran.
Una de las mujeres más jóvenes se me parecía a ella.
Seguramente que sí es.
La sensación de vacío y el silencio era tan grande que aunque caminaba suavemente, mis pasos se escuchaban claramente.
De la pared donde estaba el cuadro, había otro corredor que podía llevar a la derecha o la izquierda; Opté por tomar la izquierda.
Caminé y pronto ví otra pared al frente, llegué. Allí no había cuadro, pero si otro pasillo que llevaba a cualquiera de los lados.
Nuevamente tomé la izquierda.
Otra pared y otro corredor o pasillo.
Otra pared y otro corredor, otra pared y otro pasillo.
Así caminé agitadamente y siempre pasaba lo mismo. Pero no volví a ver el cuadro. Tampoco vi escaleras. Solo puertas que no podía abrir.
Tampoco la banca donde Estuve sentado frente a ella.
Nuevamente la angustia y el misterio se apoderaban de mi.
Ya estaba oscureciendo y no veía claramente. Intenté gritar y no pude, mis piernas estaban cansadas y temía caer, todo estaba muy oscuro.
La mano de ella, por primera vez toca mi hombro y descansa sobre el, no se por donde llegó, todo estaba tan oscuro, tomó mi mano; sus manos eran tan suaves como seda, me llevó. Seguramente caminaba por los pasillos, viví por única vez la experiencia de la oscuridad de un ciego.
Mis ojos estaban abiertos y no veía nada.
Tampoco decía palabra alguna.
Supe que abrió una puerta y la claridad empezó a fluir por una ventana. Seguramente la ventana de los cuervos.
— Descansa aquí, y no te preocupes por nada, traeré algo de comida si deseas.
— Si.
La luna ayudaba bastante y en ese instante prendió varias velas de un candelero.
Trajo arepas y caldo, el olor agradable de la comida era un mundo diferente en ese instante.
Había una gran mesa en aquel cuarto y ella se sentó frente a mi nuevamente.
Cenamos juntos en el silencio más absoluto.
Las paredes de aquella habitación sostenían un ayer, ropas, sombreros, fotografías, una mesa con muchas botellas inundadas de fragancias; ella siempre olía a canela.
Yo solo pensaba, olvidando que ella todo leía en su mente, cuando terminamos de cenar se levantó y no quiso que yo me levantara, yo obedecí era forastero, el huésped de lugar y ser más extraño persibido en mi existir.
Salió de la habitación, caminaba muy pausada y sin mirarme dijo: vendré pronto.
Miraba a mi alrededor, me puse de pie y fuí a la ventana.
Al asomarme ví tres niños en la calle que me miraban y como espantados salieron a correr.
Pero no era la ventana donde la ví por primera vez.
Tampoco logré reconocer la calle, a pesar que presumía conocer las afueras.
Era la casa grande, pero no me hubique.
Cada vez más la confusión aumentaba. Ella ya había regresado, estaba atras de mi y tomó mi hombro nuevamente.
—Si deseas dormir te presentaré una habitación.
— Si
— Bien, ven conmigo.
Tomó un pequeño candelero y fuimos por el pasillo, justo pasamos por donde estaba la obra de arte, el cuadro de dibujo que representaba unas personas. Ella habló y dijo:
No preguntes nada hoy, mañana que descanses si deseas hablarás.
La puerta de un cuarto abrió y me invitó a pasar sin ella, me entregó el candelero.
— Pasa, que descanses.
Pareciera que se hubiese esfumado, se fue sin candelero y tan de prisa la perdí de vista, no hubo más que ingresar a un lugar donde sería el primero de mis últimos nacimientos.
El cuarto era muy grande, ví claramente una cama tipo colonial muy grande a mi acostumbrada manera, bien arreglada, olía a canela, como ella.
Un armario inmenso incrustado en la pared, mucha ropa de caballero, zapatos y botas. Las paredes eran decoradas con perfiles dorados, había un dibujo gigante en un cuadro que representaba lo que los hombres idealizan como un angel; la parte superior del techo parecía un templo por las lámparas gigantes y los ornatos.
Fuí a una pequeña puerta, era un baño grande, había todo lo necesario para asear el cuerpo, no dude en asearme, el agua era más milagrosa de lo habitual, bajo ella mientras mojaba mi carne, sentí que todos los males y cansancios se desvanecían.
Salí y me senté en la gigantesca cama, era suave y me invitaba a descansar.
Habían cuatro almohadas, acomodadas en dos grupos de a dos.
Y una ventana que no me atreví a abrir.
En ese instante recordé los niños que huyeron espantados al verme.
¿Quien era yo ahora para otros?
¿Donde estaba en realidad?
¿Quien era ella?
Ahora que había encontrado la respuesta de quién era Sofía y de dónde se alimenta hoy mi anfitriona. En lugar de respuesta, había mil incógnitas mas.
Pero... Me sentía bien, una extraña pero grata sensación penetraba mi alma, no había vuelto a pensar en el mañana.
Me indagaba por el presente.
Las preguntas que me hacía eran obviamente causas de mi estado actual.
Como suele suceder nunca sabemos el momento exacto en que dormimos, así sucedió aquella noche. (A lo mejor así sea algunas veces la muerte, impredecible)
*Soñé que el cielo era rojizo, que las nubes estaban siempre bajas y un sonido muy agudo era la cotidianidad.
— Desperté y por las uniones de la ventana entraba la luz del sol, no podía saber la hora y hasta inseguro estaba del día en el calendario.
— No había usado pantuflas la noche de dormir, pero al levantarme ví en entre lo medio Claro y oscuro de la habitación, unas pantuflas, en el piso, justo al lado de mis pies.
Las calce y fuí a la ventana, necesitaba que entrara la luz.
Era como siempre en nuestra vida, un hermoso día, pero creo que ya era tarde. No sé, quizá las nueve de la mañana, frente a mis ojos un mundo de árboles frutales, no veía calle alguna, solo verde de las montañas y muchas frutas. Si no supiera de mi día antes, diría que era el paraíso que idealizan los hombres.
"Creo que quien ideó está ventana, debió haber creado un balcón aquí".
Pensaba yo.
No deseaba retirarme de la ventana, era algo de otro mundo lo que allí veía. No por las frutas o los árboles quizás, veía más allá de lo que jamás había visto.
La dimensión de la mágica creación, la divinidad de lo incomprensible, la vida en su máxima expresión se percibia.
Volví a la habitación y ví un mueble en madera que no noté la noche del dormir, estaba repleto de libros.
Era un sueño... ¡No!
Además un pequeño tornamesa y algunos acetatos.
Tomé un libro al azar. (TE AMO PERO SOY FELIZ SIN TI) De Jaime Jaramillo.
No podía iniciar mejor un día yo en mi existencia, muchos libros por leer y una paz inmensurable, aunque deseaba un café.
No terminaba de pensarlo, cuando la puerta de la habitación se abrió; era ella, ¿deseas un café?, y, ya lo traía.
— ¿Que tal noche? Pregunto.
— Bien es poco. Super bien, ¡jamás me había sentido mejor!
(No podía callarlo)
— "Cuando desees leer puedes hacerlo, creo que ya lo estás haciendo".
— Si... No, no solo tomé este libro, y si, deseo leer, es uno de mis pasatiempos favoritos.
— Leer no es un pasatiempo, es la manera que tienen los seres, de ir más allá, intrigosos de conocimiento para hallar la escencia. (Dijo)
— Si, es verdad.
— Si deseas tomar alimentos, ven conmigo.
— Si
Fuí con ella y mientras llegábamos empezó a hablar.
— Tu vida, ha sido marcada por el altruismo, es eso lo que te ha traído hoy aquí.
Además tú empatía es muestra de cada una de tus bondades más que humanas.
Aquí no hay espacios para lo que los mortales conocen como odio, que es un mal sentir de la especie.
Aquí el amor no se basa en la materia aunque la veas, la persivas y dependas de ella.
Aquí podras ser tú.
En la escencia del ser, y anoche y hoy, lo empezaste a percibir.
Nadie es elegido, se llega por vocaciones y deseos enmarcados en la divinidad del ser.
"Es normal", que no comprendas algunas cosas que son costumbres allá, en la "cancha" donde el alma juega sus propias batallas.
— Pasa...
— La mesa estaba servida y cual grande era anoche, era hoy donde solo veía platos para dos.
— ¿Que horas serán? (Pregunté).
Por tercera ves le vi una tenue sonrisa en su rostro.
— Si aquí existiera el tiempo, la paz sería efímera. (Respondió). De a poco irás comprendiendo.
Podrás preguntar todo lo que quieras, más no seré yo quien te dé siempre una respuesta. Esas respuestas las iras encontrando tú mismo.
Escucha... Lo que ves afuera, no es igual a lo de adentro.
Tu veías lo que otros no vieron, pero no imaginabas la realidad.
Así sucede en la tierra y en todo lugar del universo.
Por ahora estás iniciando el proceso.
Un proceso que tú pediste.
No es bueno querer saber más de lo necesario. (Ya me lo había dicho)
— Entonces recordé a Víctor.
A Sofía y a mercurio.
— iré a recoger los frutos, te veré cuando me necesites.
Se fue y yo no sabía ahora que pensar, se fue y me dejó en aquella mesa tan grande, con once sillas más.
Allí no había libros y salí a buscar la habitación, pero no recordaba por donde había llegado.
Salí por esos pasillos; cuando hallara la obra sería fácil encontrar la habitación. (Pensaba)
Está ves caminé con calma, sin más deseos que estar tranquilo, sin preguntarme nada, ví las puertas antes cerradas, ahora algunas abiertas. El pasillo era igual y cada esquina conducía a otro pasillo.
Nunca me atreví a ingresar a una de esas puertas, ya que la única guía que tenía de mi habitación era, la obra.
Lo que no había podido hallar ayer, lo encontré hoy. Unas escaleras que bajaban, unas escaleras muy simples acordes a la construcción exterior, no dude en bajar, hallé otro piso diría idéntico a donde estaba, con uno pasillo y frente a mi otra escalera que continuaba bajando.
Seguí la ruta de la escalera, llegué a un jardín, hermoso por cierto. En el centro una pila en piedra y sobre ella una figura, la figura del ángel.
Enmanaba agua y algunas aves se posaban allí, otras se bañaban y como que jugaban entre ellas.
"Estaba saliendo de un mundo a otro".
En una banca de madera en medio del jardín estaba ella, sentada como diosa.
— Lo esencial no son las cosas que ves, sino como las percibes.
(Me dijo mientras me observaba)
Porque en realidad estaba fascinado con lo que veía, pero también lo percibía más allá de lo material.
— Acércate
Fuí a su lado y me senté junto a ella, su energía, su aroma, su peculiar belleza absorbían todo; Para bien.
Dijo: No es que parte de la humanidad este equivocada, es que todo debe ser así. Está hecho así.
Algunos heredan costumbres, otros son la verdadera esencia del ser.
No todos llegarán, porque está diseñado así.
Muchos de los seres que encuentras a tu paso, son el espejo de lo que puedes o no debes aprender.
A veces se aprende más del error, que de las conquistas.
— Yo deseaba estar más tiempo a su lado, escucharla y observarla; pero... Siempre estaba junto a mi muy corto tiempo, manifestaba retirarse y por ahora no aceptaba estar a mi lado constantemente.
— Decía: la soledad es lo que hoy necesitas para aprender lo que deseas.
Se retiró por donde yo llegué. Subió los escalones, la observaba casi apasionadamente en el buen sentido de la palabra.
Entonces recordé la silla, la mecedora y comprendí que en parte mis deseos se estaban haciendo realidad.
El lugar, el jardín era apropiado para la lectura, la relajación, el pensar, la reflexión. Pero no deseaba levantarme de aquella cómoda banca que aún conservaba su aroma.
No puedo recordar cuanto tiempo pasó mientras observaba el agua fluir por aquella roca, esa melodía que generaba y la aves que adornaban la vista, el espacio y la sonoridad.
Cuando levantaba la mirada veía el azul firmamento, y las paredes de aspecto abandonado.
Empecé a sentir la necesidad de irme de allí.
Caminé por esos senderos entre flores y aromas, mis pasos parecían involuntarios y me llevaban a una pequeña puerta en rejas negras que se abrió suavemente al tocar con mis dedos.
"Era un universo más". Bosque, bosque pensaba yo. No veía muros por lugar alguno, muchas plantas, árboles gigantes como ceibas quizás.
Mangos, naranjos, papayos, pequeñas huertas, un puente. Si. Un pequeño puente en madera rústica, como esos de los enamorados, por allí fluía agua en buena cantidad.
Un pequeño lago tan cristalino que alcanzaba a ver muchos peces.
Después del puente muchos caminos entre la bella vegetación compuesta en su mayoría por árboles frutales de todo lo existente.
No podía perder la oportunidad de explorar aquellos senderos.
Entonces empecé a tomarme confianza en mí mismo y hablaba con las plantas, estaba seguro que me escuchaban. Lloraba de felicidad y gratitud por su existencia. Por averme acogido.
Ella dijo que yo estaba allí porque lo deseaba.
Y no podía haber deseado esto. Pero estaba en un verdadero paraíso.
Yo solo tenía curiosidad y buenos deseos.
Pedí permiso al Manzano y tomé una manzana. Comía y jugaba con todas las plantas, las abejas, las aves y hasta un pequeño roedor me observaba, era una ardilla.
Ahora no sabía que era mejor.
El libro, la habitación, ella o está maravilla que al final eran una sola.
Y no podía haber sucedido algo más amable y dulce para mí.
Ella estaba cerca y yo, no lo había notado.
Se sonrió más de lo que habitualmente le había visto sonreír.
Llevaba en su mano una pequeña bolsa de tela donde guardaba frutas.
Y como por arte de magia había una banca hecha en la misma tierra.
Donde ella se sentó y me invitó a acompañarle.
— Ven siéntate aquí.
— Recuerda que lo que deseas, se cumple si lo deseas en bien.
Hay muchos caminos aquí, todos te llevarán por destinos diferentes, pero nunca a un abismo si así lo decides.
Nada es casualidad, es causalidad.
A veces en la vida eres arrollado por la irresponsabilidad de aquellos que no aprenden aún, y están en el camino de tu vida con un propósito, aunque a veces duela.
La empatía en si. No es cosa que se aprende en una escuela.
Ella es un ser, de tu ser.
La amabilidad es el producto de la gratitud y el respeto por tus semejantes.
El amor es la base primordial de la vida.
Todo lo que das sin esperar nada, no te hará sufrir. Porque tú satisfacción radica en saber que otros están bien; entonces no padeces por ingratitud.
El deseo y el amor pueden ser compatibles.
El deseo es totalmente humano y el ser humano trae consigo el amor en su escencia.
Tu deseaste comer esa manzana, hablaste con el manzano y pediste permiso. El te la concedió antes que terminarás de pedirlo.
Hay cosas que debemos soltar para que otros cumplan ciclos. No porque seamos esenciales en su vida, sino porque todos somos complementos.
Ven con migo, quiero enseñarte un camino.
Escuché con tal atención que todo, absolutamente todo, se grabó en mi memoria de forma maestra.
Las mariposas, las aves, y toda la vida a nuestro alrededor amaban aquella mujer.
Yo observaba como jugueteando estaban todos a su paso.
Fácilmente apoyado en sus sabios pasos llegamos al jardín del ángel, subimos las escaleras hasta el piso tres, giramos a la derecha dos puertas. Allí estaba la obra y dos puertas más la habitación.
"Mi habitación".
Vendré a buscarte (dijo)
No había pasado tanto tiempo a su lado, cada vez era más constante su presencia, su dulzura contagia, su atención me hace sentir inútil.
Siento vergüenza.
Ahora estoy en el cuarto y no deseo nada.
Lo que sea, será.
— (Jaime Jaramillo)
Papá Jaime.
Te amo pero soy feliz sin ti.
Tomé un baño y la gran cama fue cómplice de haberme inundado en la lectura de tan magistral libro.
El desapego y tantas verdades, no absolutas, pero formas de ayuda.
Un gran libro puedo decirlo.
— En verdad que allí el tiempo no existe, hasta yo lo he olvidado.
"Porque el hombre dividió el tiempo, y este se hizo implacable.
Había pasado el resto del día y llegó la noche. No sentí hambre de la carne. Prendí el candelero por primera vez.
Detuve la lectura y me trasporte a través de la ventana en la iluminada noche de luna.
Parado observando un mundo exterior
que no extrañaba, pero que consideraba.
¿Que habrá sido de Víctor, Sofía y mercurio?
Deseo que estén bien.
Aunque Sofía está en un mundo diferente al de nosotros.
Ahora estaba nuevamente melancólico.
¿Por qué hay seres que vienen a sufrir?
Lloré en esta ocasión con amargura, y, recordé a mi padre que también sufrió.
— Y lloro por los desvalidos, las víctimas de las injusticias del mundo, por los que tienen hambre.
Mientras yo estoy en el paraíso. Se me hace injusto y no puedo remediarlo. Por eso también soy de los que creo, que la felicidad no es posible hallar en esta tierra.
— Recosté mi cuerpo en la inmensa cama y aquella noche nada soñé.
El sol estaba de regreso y la puerta estaba abierta, allí... ella. Siempre como diosa, una diosa que traía café, sin más me dijo: no te sientas inútil, no lleves tu pensamiento más allá de lo inevitable en la irracionalidad.
Intenta leer.
Se tú. Se libre y acepta, suelta.
Todo tiene propósitos y tú no eres divinidad alguna.
Si sufres demasiado por lo inevitable serás inútil verdaderamente.
Tú, no eres el primero, el único ni serás el último.
Acompáñame vamos a la mesa.
— ¿El único? (Me pregunte).
— ¡Si! no eres el único que ha llegado aquí.
— Ven y te muestro.
Fuimos y me llevó a la obra, a esa pintura que colgaba en el cuadro.
Se paró frente a ella mientras me miraba.
Si crees que está joven soy yo. Estas equivocado.
Ellos vinieron aquí mucho antes que yo estuviera aquí.
La joven que supones ser yo, es mi madre. Los dos adultos mayores, los jóvenes, los niños estuvieron aquí, pero no hacen parte de mi núcleo familiar.
Al igual que tú y yo, ellos llegaron por voluntad y así mismo un día se fueron, como nos iremos tú y yo y todo aquel que venga aquí.
— ¿Pero dijiste que ya no podía irme, no deseo irme y dices que un día me iré y tú también lo harás?
— Así será. Nos iremos cuando estemos preparados para partir.
¿O acaso... Eres inmortal?
Por ahora iremos a la mesa.
— No, Claro que no, se que moriré y así vivo, con la convicción que dejaré esta carne.
— Yo no te preguntaré como te nombras ante la sociedad, ni tu sabrás jamás como me nombró mi madre. Eso no es importante.
Nada es más importante que la tranquilidad y la paz interior de cada ser.
El ser humano vive soñando universos mientras destruye el suyo.
No destruyas tus días intentando cambiar lo inevitable.
Sigue buscando respuestas, son importantes. Pero no podrás cambiar nada diferente a ti mismo.
Hay personas que desean cambiar el mundo, pero... para cambiar el mundo deben cambiar ellos.
No programes nada, porque como dijo Cabral. Dios se reíra de ti.
Actúa en el presente que va aconteciendo y todo irá fluyendo.
A veces es mejor ser como lobo solitario, que como perro encadenado a su amo.
— Otra vez una mesa tan grande para dos y ella siempre frente a mi.
— ¿Hoy dejaras que te ayude a preparar el almuerzo? (Pregunté)
— Acabas de desayunar y... ¿estás pensando en almorzar?
No así, es que me siento mal que tú me estés atendiendo y yo no hago nada. Deseo colaborar en algo.
— Se como Quasimodo, pero no te enamores de esmeralda.
( Sonrió y se fue).
— Nunca ganaba batalla alguna, pero aprendía a saber perder.
Me levanté de la mesa, fuí a la ventana y esta vez no había nadie en aquella calle.
Me adentré y fui en busca de aquel libro que aún no terminaba de leer.
Llegar se me hacia más fácil; salí, tomé la izquierda, fui hasta la pared de la obra, giré a la izquierda nuevamente. Una y dos puertas. Sí esta es la habitación.
Ingrese, tomé el libro que a propósito había caído al "suelo", bueno en realidad era un piso en tabla pulida. Muy bonito.
Salí. Ahora a la derecha y derecho sin volver a la derecha, otras dos puertas y si. Ahí estaba la escalera.
Creo que estaba algo ansioso, entonces al percibir mi estado de ánimo, baje lentamente cada escalón sin la ansiedad de llegar al parque o al bosque.
Siempre había aves en la pila del ángel.
Agua y vida.
La pequeña puerta estaba entreabierta, todo era igual de hermoso, no lo había soñado. Esta vez la enredada vid, o la parra, puso frente a mi un gran ramo de uvas; con el permiso concedido, tome las uvas y fuí directo a una pequeña sombra bajo el ciprés.
Allí el sol ⛅ casi se ocultaba, había absorbido el resto del libro, el tiempo en realidad no existía.
Percibir el aroma a canela no era habitual cuando ella no estaba. Está vez no la ví, no llegó, no fue al bosque. Pero el aroma estaba en ese instante.
Despliegue de hojas, brisa, silencio y paz.
Fuí volviendo a la habitación, no sentí deseos de comer, ese día solo había desayunado y comido un gran ramo de uvas. Pero... Curiosamente no sentía hambre.
De nuevo en aquella habitación, doble mi cuerpo frente a la cama y no supe más de mi.
(Debo irme pronto, pero... Irme no será un castigo para mí, así que no vayas a llorar, has sufrido y vivido mucho y te quedan muchas cosas por aprender.
Verte vestida de conocimiento, alegre y con el alma libre, es mi mayor satisfacción.
Te amo en el amor puro de los hombres y mujeres que conocen el verdadero significado del término.
Abrázame cuando sientas deseos de hacerlo, no me dejes partir sin tu amor).
Aquella noche tampoco soñé nada, pero... Al levantarme sentí la necesidad de escribir, así que escribí esto. Eso que leíste anteriormente.
Ella no llego con café aquella mañana, ella no me sorprendió con su presencia.
Así que salí y fuí al gran comedor. Tampoco estaba, la cafetera estaba fría y pensé que dormiría aún.
Pero... No sabía dónde reposaba su cuerpo, donde estaba su habitación para llevar yo café.
Bueno. Decidí iniciar por primera vez mi oficio de chef en aquella casa. (La casa grande).
Porque aún no he contado que es una de mis profesiones.
El café estuvo listo, había verduras y huevos, harina de maíz y trigo, habia un recipiente con agua, sal y la gran cocina que ardía siempre como magia.
Mientras arreglaba unos huevos y arina de trigo revuelta con maíz, una masa suave para arepas; tomaba el café.
Esperaba que de repente ella llegara y se sorprendiera, sabía que no se molestaría. Allí no había espacio para el enojo.
Todo estuvo listo y ella no llegó.
Empecé a preocuparme y al mismo tiempo sentí tirteza, ya me estaba mal acostumbrado a su presencia. Aunque el día anterior solo la había visto en la mañana.
Creo que ya era el cuarto día allí y siempre habíamos desayunado juntos.
Así que tome otra tasa de café y fuí a la ventana.
Nuevamente los tres niños estaban observando la casa, justo notaron mi presencia. Está vez no corrieron.
Ellos casi en coro dijeron: hola.
Y yo, levantando la mano izquierda envié mi saludo, al mismo tiempo que sostenía la tasa con la mamo derecha y sonreí.
En ese preciso momento salieron corriendo, esta vez no asustados, reían y emitían chillidos de emociones infantiles, mientras se perdieron de mi vista.
Allí permaneció mi cuerpo en esa ventana, mientras mi mente estaba ocupada en ella.
Volví al la mesa, me senté e indeciso me quedé pensando.
No tenía deseos de comer, se veía agradable el plato que había preparado.
Además lo había hecho con amor y el deseo de sorprender a mi anfitriona.
Llevé la pequeña cafetera en mi mano, un posillo esmaltado y salí de la "cocina".
Nuevamente giré a la izquierda. La primera puerta que encontré estaba cerrada y no pude abrirla, igual la segunda y la tercera. Así llegue a la obra.
Las puertas siguientes siempre estaban cerradas, eran las anteriores a "mi" habitación.
Así que decidí no buscar en el tercer piso, tomé la derecha, otra habitación también cerrada. Bajé las escaleras, esta vez hasta el segundo piso.
Fuí por pasillo y pasillo y todas las habitaciones están cerradas.
Las puertas estaban hechas en madera y se habrían con las viejas llaves de borjas. Todas tenían aldaba o llamador, pero aunque los usé... Nadie salía o respondía.
Así se pasó el sol de aquel día, me sentaba por momentos en las comodas bancas de los pasillos, descansando y, ya no había café.
Sin proponérmelo había hecho ayuno.
Decidí que era mejor regresar a la cocina, calentar las arepas y los huevos, y, pensar en ir a la habitación.
No me fue difícil regresar, esta vez hallé las escaleras, subí al piso tres, el cuadro, el otro pasillo entre tantos y la cocina.
Y en verdad que la cocina que funcionaba a base de leña era como mágica; estaba prendida. Comí su desayuno y el mío.
Ya debía prender el candelero, no sentí deseos de observar por la ventana, llevé solo una vela y fuí a la habitación.
Ya no sentia miedo, absolutamente nada me perturbaba, ni tan siquiera el misterio de su ausencia, la de aquella hermosa y sabia anfitriona.
No sentía sueño y me era difícil leer a la luz de unas velas.
Después que mi cuerpo fue acariciado y sanado por el agua de la ducha, descansé en la cama grande, tan grande como mi tranquilidad.
Fundí mi reposo en un sueño profundo, tan profundo que no hubo espacio para soñar.
Despertar era un mundo diferente y nuevo, de esperanza y misterio al mismo tiempo.
Debía continuar buscando respuestas. Así que nuevamente fui sanado por el agua que despertó mi cuerpo en la ducha.
No era rutinario ir a la gran mesa y preparar un café, quedaron arepas, y tomé agua.
El fuego nunca se apagaba, la llama era por momentos tenue, pero constante.
Iré nuevamente por la derecha de este pasillo al salir del cuarto de la gran mesa. Un día estaba tan confundido que ví muchos pasillos, me perdí hasta que ella me llevó de la mano entre la oscuridad, no lo olvidaré jamás.
Toda puerta estaba cerrada, tocaba, nadie respondía, seguía y sin angustia sabía que tendría que hallar el misterio que hoy encerraba la desaparición de la mujer.
— Iré al primer piso. Así lo hice, no lo habia pensado antes. Allí había también muchas habitaciones, creo que perdí por un instante la noción, o corrí. Porque muy prontamente me vi en el parque del ángel.
Y si. La puerta de la primera habitación que ví, estaba entreabierta. Allí claramente se veían monturas para andar en caballo, y muchas cosas que no vi tan importantes como un manojo de llaves de borjas.
Obviamente serán las llaves de todos los cuartos. (Pensé).
Empecé a probar cada llave en la misma puerta. Iniciando de inmediato por el piso primero.
Había muchas llaves en un solo manojo. Unas más largas que otras.
Por fin. Abrió la puerta vecina de la que encontré entreabierta.
— Había pasado por aquí un huracán... (Pensé). La habitación era un caos; Todo era un desorden.
— La siguiente logró abrir y está era muy parecida a la habitación donde yo dormía.
Bonita y de grande cama. Tenía una ventana que solo daba vista al jardín.
Necesito ir marcando la llave a cada puerta. Por ahora dejaré cada llave incrustada a la cerradura. Yo buscaba señales de ella. No cosas.
En el primer piso había seis habitaciones y no había señales de ella.
La demás parte de la construcción en la parte de abajo, era una especie de salones sin puertas ni ventanas, seguramente podría haber sido establos o caballerizas.
Muy seguramente si, aun el olor a humedad y moñiga era evidente habían lasos, correas, también lo que parecían ser aperos deteriorados, unas viejas y rotas botas con espuelas.
Observe al final del jardín donde estaba la puerta al bosque, aunque no lo había recorrido todo, imaginé lo peor. Había visto varios senderos.
Fuí de inmediato y caminé con cierto afán y quizá un tanto angustiado tratando de comunicarme, no hable, no silve, no grite, solo caminaba y observaba mientras sentía la sensación, de que alguien me observaba o caminaba junto a mi.
Por momentos me tranquilizaba, me sentaba a comer algún fruto de tantos que allí habían.
No sabía si estaba perdido o que tan grande sería aquel bosque, porque no veía muros algunos.