Me acostumbré a ignorar el insulto y la loca pasión del fanatismo.
Me acostumbré a darle por razón, su razón al necio y al terco asentí, sabiendo de mi pensar.
Me acostumbré al delirio.
Me acostumbré a estar solo entre pocos y muchos.
Me acostumbré a darle sentido al presente, es mi momento y el de aquellos que también buscan consuelo.
Me acostumbré a no reprocharme ni reprochar del pasado, las gotas que no tomé. Porque es mi hoy.
Me acostumbré a saber que muero cada instante, para volver a nacer.
¡Porque hay que morir!
Es la única forma de acostumbrarse a ser uno mismo, mientras vuelva a nacer.
— Édgar Plata —
No hay comentarios:
Publicar un comentario