del árbol de mango que otro sembró
bajé cuatro mangos y por ello
el cuidador del lugar, me ha llamado
"Ladrón".
Yo, hice como que no oí, y los mangos guardé, subí al coche y me fuí.
Ya en casa comimos mi madre, mi hijo, mi mujer y yo.
Nadie más me ha vuelto a llamar ladrón.
Solo aquel que cuida la tierra qué otro robó, donde está el mango que sabrá Dios quien sembró.
— Edgar Plata —
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