Una camiseta o sus chanclas.
Aún más malhumorado de sentía y lo expresaba con violencia verbal, si su bicicleta o su carro eran usados.
El dinero lo ocultaba en casa y lo fanfarroneaba con sus compinches y entre copas en cualquier burdel.
La indiferencia fue política de su ser.
Presumía de lo que no poseía y sus días y noches fueron como agua de alcantarillado.
Hasta que murió a edad temprana.
Sus harapos fueron donados a fundaciones, su coche y su bicicleta rematados para cubrir los gastos funerarios.
Hoy, está allí; en el lugar donde la vanidad y la presunción no existen.
Una lápida es la sombra del lugar donde reposan los restos de un ser humano digno de lástima.
No vivió según mi criterio.
No se tú... ¿Que opinión tendrás?
De la vida y la muerte.
— Édgar Plata —
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