Observando con la curiosidad del felino, ví que lo verde era también multicolor.
Aves rojas, amarillas y azul con blanco, grises y naranjas como el atardecer, negro como la noche misma y el blanco de la niebla abrazada entre el celeste de lo no visible.
Colores de no fácil descripción, degrade de lo primario y el silencio era un éxtasis al final, cuando las luces titilantes jugueteando están noche tras noche, junto al gran farol.
Y las cigarras entonaban como si enamoradas quisieran ser un sol.
Candelillas y renacuajos hacen armonía y voces de ángeles se escuchan por montón. Caminos y canción del divo, si. El poeta iluminado que trajo el amor en letras y melodías.
No era tan simplemente verde el bosque ya ves, ni tan silencioso a la vez.
Cubri su cuerpo entre las mantas y dormí a su calor, mientras el inmenso faro se alejaba, ese misterioso círculo luminoso y misterioso a los que los hombres y mujeres llamaron... Luna.
Dormí para olvidar y al despertar, la serenata era aún mayor.
Renacuajos, mirlos y toches en el concierto junto a la luz naranja, o rojisa y clara cada vez más, estable y calórica del sol.
Hoy el bosque me habló y me llevó al ser viviente más notorio visto jamás.
Agua divina pastora de la vida y la salud, fuí a sus fuentes y bebí de ellas, sané y morí a la vez.
El bosque disque verde, dijeron los que entre el concreto murieron.
Disque desconocido y peligroso.
Vaya que error.
La libertad y la vida son aquí la divinidad de la creación.
Nada fue por accidente señor.
Aguas de mi existencia, además de ser viva, albergas amor entre tus brazos. Peces multicolor y aves de grandes patas, se alimentan de tu poder.
Yo tambien bebí y comí, del agua y de la tierra.
Alguien me observaba supe y jamás lo ví.
Ella, ¿donde está?
Yo, ¿Que hago aquí?
¿Como logré cruzar sus montañas y caminos?
La espesa niebla es como la capa que me protege del radiante sol, que va y viene por momentos.
Ella, ¿donde está?
Ahora tengo miedo, de estar sin ella y ella sin mi.
No por un imaginario peligro de los sombies en las ventanas de cristal y las puertas de metal.
Sino por ella que conmigo no está, y, por mi, que sin ella no sé estar.
Vuelvo a nacer al ver tu silueta entre flores, verdes hojas y frutos.
Estas sonriente y tus ojos hoy, son más negros y grandes, tu boca, tu rostro, tu. Eres tú, pero creo que diferente entre mis confusiones.
Bienes a mi como si una diosa apareciese de repente, pero... Eres tú.
Estoy alucinando quizás; me abrazas con la dulzura que contagia al más simple de los hombres.
Dices que me extrañas y no me reprendes por haberte dejado sola.
Miras a tu alrededor como sorprendida, más... Un beso en mi mejilla izquierda, habla entre los bosques verdes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario