jueves, 5 de febrero de 2026

silencio

Yo viví el silencio entre los bosques que decían, eran verdes.
Observando con la curiosidad del felino, ví que lo verde era también multicolor.
Aves rojas, amarillas y azul con blanco, grises y naranjas como el atardecer, negro como la noche misma y el blanco de la niebla abrazada entre el celeste de lo no visible.
Colores de no fácil descripción, degrade de lo primario y el silencio era un éxtasis al final, cuando las luces titilantes jugueteando están noche tras noche, junto al gran farol.
Y las cigarras entonaban como si enamoradas quisieran ser un sol.
Candelillas y renacuajos hacen armonía y voces de ángeles se escuchan por montón. Caminos y canción del divo, si. El poeta iluminado que trajo el amor en letras y melodías.
No era tan simplemente verde el bosque ya ves, ni tan silencioso a la vez.
Cubri su cuerpo entre las mantas y dormí a su calor, mientras el inmenso faro se alejaba, ese misterioso círculo luminoso y misterioso a los que los hombres y mujeres llamaron... Luna.
Dormí para olvidar y al despertar, la serenata era aún mayor.
Renacuajos, mirlos y toches en el concierto junto a la luz naranja, o rojisa y clara cada vez más, estable y calórica del sol.
Hoy el bosque me habló y me llevó al ser viviente más notorio visto jamás.
Agua divina pastora de la vida y la salud, fuí a sus fuentes y bebí de ellas, sané y morí a la vez.
El bosque disque verde, dijeron los que entre el concreto murieron.
Disque desconocido y peligroso.
Vaya que error.
La libertad y la vida son aquí la divinidad de la creación.
Nada fue por accidente señor.
Aguas de mi existencia, además de ser viva, albergas amor entre tus brazos. Peces multicolor y aves de grandes patas, se alimentan de tu poder.
Yo tambien bebí y comí, del agua y de la tierra.
 Alguien me observaba supe y jamás lo ví.
Ella, ¿donde está?
Yo, ¿Que hago aquí?
¿Como logré cruzar sus montañas y caminos?
La espesa niebla es como la capa que me protege del radiante sol, que va y viene por momentos.
Ella, ¿donde está?
Ahora tengo miedo, de estar sin ella y ella sin mi.
No por un imaginario peligro de los sombies en las ventanas de cristal y las puertas de metal.
Sino por ella que conmigo no está, y, por mi, que sin ella no sé estar.

Vuelvo a nacer al ver tu silueta entre flores, verdes hojas y frutos.
Estas sonriente y tus ojos hoy, son más negros y grandes, tu boca, tu rostro, tu. Eres tú, pero creo que diferente entre mis confusiones. 
Bienes a mi como si una diosa apareciese de repente, pero... Eres tú. 
Estoy alucinando quizás; me abrazas con la dulzura que contagia al más simple de los hombres.
Dices que me extrañas y no me reprendes por haberte dejado sola. 
Miras a tu alrededor como sorprendida, más... Un beso en mi mejilla izquierda, habla entre los bosques verdes.


 






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