Y le creí.
También dijo que para ser escritor era necesario padecer el hambre.
Y yo le creí.
Quizá seguía con la esperanza de no creerle algo. Un día, o una noche; no sé. Leí algo y dijo que estaba muy bonito, pero que eso no lo había escrito yo.
Ese día fue mi gran día, o mejor noche; no sé. Ese día no le creí.
Sabiendo yo que había escuchado al silencio hablar a mí oído, qué había yo plasmado cada susurro. Pues no le creí y quizá solo guardé silencio.
Gracias a él, supe que si podía escribir lo que el subconsciente oraba. Supe que debía creer, a veces para mejorar, supe, qué a veces no hace falta creer.
Solo es necesario escuchar y actuar.
— Édgar Plata —
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