sábado, 14 de febrero de 2026

Esto jamás será publicado

Los poetas somos 
extremadamente ridículos y ridículamente sentimentales.
A mí no me avergüenza...
vivirlo, sentirlo y expresarlo.
Desde que las maravillas más simples a la vista del desprevenido, se hicieron angustiosamente letras; supe que era un niño perdido en un imaginario mundo de jardines, donde nadie cohartaba la vida y el amor.
Nadie cortaba flores en el jardín extraordinario.
Entonces alguien tomo por burla mi escrito y mirando lo azul del misterioso firmamento, supe que era un loco medianamente cuerdo.
Un poeta creo yo. 
Ridículamente sentimental.
Y como dijere el poeta.
Nadie lo sabe y no lo sabrán quizá.
Así que seguiré siendo, "recolector"
— Édgar Plata —

Quería y no sé.

Deseaba escribir y no hallaba nada 
deseaba hablar y no había un léxico 
deseaba hacer muchas cosas y al final no hice nada.
Así que busqué a mi compañera. Si, mi compañera porque no es mi esposa y nunca la tendría jamás.
La esposa en realidad proviene de la arcaica imposición machista.
Esclava, propiedad, sumisa, prisionera.
Al igual que el apelativo esposo. 
Estos abjetivos provienen de la misma religión.

Entonces decía, que busqué a mi compañera para saber si deseaba estar conmigo para la cena. 
No la encontré, seguramente estaba jugando a ser esposa. 
No se nace esclavo ni libre, tu pones las reglas en el camino, depende totalmente de tu instinto de supervivencia y valor. 
Hoy nadie podrá poner precio a tu dignidad, si lo hace, es por qué tú lo permites.