extremadamente ridículos y ridículamente sentimentales.
A mí no me avergüenza...
vivirlo, sentirlo y expresarlo.
Desde que las maravillas más simples a la vista del desprevenido, se hicieron angustiosamente letras; supe que era un niño perdido en un imaginario mundo de jardines, donde nadie cohartaba la vida y el amor.
Nadie cortaba flores en el jardín extraordinario.
Entonces alguien tomo por burla mi escrito y mirando lo azul del misterioso firmamento, supe que era un loco medianamente cuerdo.
Un poeta creo yo.
Ridículamente sentimental.
Y como dijere el poeta.
Nadie lo sabe y no lo sabrán quizá.
Así que seguiré siendo, "recolector"
— Édgar Plata —
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