Yo, lamentablemente no puedo ser esa persona que espera que se vaya el anfitrión para sentarme en la mesa a comer.
A veces por evitar malos entendidos, disimulando el dolor del alma, guardo silencio, mientras la esencia de mi ser llora.
Guardo silencio porque entiendo que no todos piensan igual a mi.
Para fortuna quizás.
Pero cada bocado que llevo a mi boca, me atraganta el pecho.
Cuando debo tragar pensando en aquellos que "debieron" irse.
Todo porque no entienden otros, que el mayor placer de la mesa es compartir el pan, con cada uno de los miembros en una familia.
Es horrible para mí, ese plan del no compartir.
Édgar Plata
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