Me sumerjo entre letras y escritos, entre pensamientos e ideas.
Así muchas veces pasa el día y parte de la noche, a veces casi hasta el amanecer.
También a veces me
auto-reprocho en el momento.
Pero... Después el otro yo me dice; no te olvides de seguir buscando esas cosas que no comprendes.
Escribír para mí es una adición muy agradable, por lo menos para mí.
Cuando no tengo nada por escribir, hago esto. Escribir lo que nada dice.
Cosas por las que nadie habrá de interesarse, y es muy razonable.
He iniciado tres o cuatro historias, tres o cuatro cuentos salidos de la nada, una que otra poesía y muchas frases. Algunas muy profundas, otras tan simples como yo, y otras ridículamente tontas.
Deseo fervientemente culminar todo y dejarlo por ahí, quizá en un millón de siglos, alguien desee leerlos.
Porque la finalidad de escribir es ser leído, y eso sí, el primer lector soy yo mismo.
Adquirire un portátil para guardar todo, porque aquí en este equipo de comunicación, existe el riesgo de extraviarse. Como ya sucedió anteriormente, cuando escribía en papel. En cualquier hoja y guardaba en una caja de cartón que un día seguramente se convirtió en cenizas.
Soy un hombre mayor de carnes rústicas y ajadas por el tiempo.
Con un alma vieja, nunca tan joven como mi carne.
Estúpidamente sentimental y ridículamente enamorado de la belleza del planeta y sus hermosas mujeres.
Adoro escribir y tanto, que olvidar a mis cercanos es casi natural.
No me agradan los lugares saturados de gentes, donde la zalameria y la fanfarronería son la principal causa de reunión.
Aunque tomen como escusa un... "Compartir".
La soledad es mi principal interés, aunque no deseo dejar de desear la mieles de la belleza femenina.
Un viejo verde dirían en la calle.
Me sorprende bastante llegar a la tienda de la esquina.
Acontece, sucede y pasa que en contadas ocasiones llegó allí, está la vecindad mercado cada cosa del diario, saludo con un. ¡Buenos días!
"Y habiendo entre cinco y seis mujeres y un hombre, dos niños" me miran sorprendidos algunos, otros agachan la cabeza quizá ocupados en sus cosas, pero nadie contesta el saludo.
Algún día creo que contesto un mosquito que pasaba frente a mi.
El simbido de sus alas me dijeron hola.
Igual no es tan importante evento.
Pero si me causa cierta consternación saber qué realmente estamos entre sombies.
Esta la vecina que con sus grandes dotes casi descubiertos se posa sobre la vitrina, como seduciendo al tendero.
La "ruca de la cuadra", el proveedor de confitería, el niño del guardia, el viejo pobre de ultraderecha y el revolucionario que se asemeja a un acuerdo y yo, el loco que se cree escritor.
Al final solo debí retirarme con los insumos y sin la respuesta al saludo.
Nunca ha sido la suerte mi mejor aliada.
Al salir de allí, venía para la tienda la mujer que llena mi corazón de palpitaciones rápidas y sudoración excesiva.
Y ni modo de regresar, solo verla pasar, pero no todo fue malo.
La saludé con una sonrisa incluida y ella me destrozó con su singular belleza, su sonrisa y su respuesta, ella si me saludo y eso marcó la diferencia.
- Edgar Plata -