jueves, 30 de abril de 2026

El plato


Cuando la mesa está servida.
Cuando las prendas de vestir están limpias y entre aromas.
Cuando la cama es a tu gusto y aseada.
Cuando no faltan los motivos para festejar caprichos.
Cuando la salud es plena.
Cuando tus hijos, tus nietos y los demás miembros del clan están más que conformes.
Cuando puedes elegir que hacer hoy y no hay angustia por un mañana.
Lo más evidente es vivir tranquilo y plenamente sin queja alguna.
Entonces...
Te ufanas de poder y comodidad.
Te haces a veces déspota y arrogante quizá sin proponertelo.
Porque en tu espacio no hay necesidad alguna.
Entonces la indiferencia y la apatía se apoderan de ti.
Y eso, si lo sabes.
Por eso se te hace sencillo ser presuntuoso.
Por eso tu mirada no va más allá de la realidad de un pueblo sometido muchas veces a causa de su propia sumisión.
Pero que va... "Lo único importante eres tú y tu clan".
Es allí donde nace la diferencia entre escuchar y oir.
Es allí donde nace la diferencia entre ser y presumir.
Es allí donde nacen las raíces del resentimiento y posteriormente la violencia. 
Porque jamás eres capaz por un instante de ponerte en los pies descalzos del jardinero, del reciclador, del guardia, el soldado y el policia, del bombero y el enfermero, del niño que fue violado y maltratado, del anciano abandonado, del enfermo sin recurso y del hambriento de las calles y las lomas de tu urbe.
Por eso mi hermano es que el mundo. (Aunque supuestamente digan que marcha como debe ser)
Es lo más parecido al infierno y a un cielo inventado para mantener las cadenas que tan la libertad de los oprimidos. 

"Porque si robas a un acaudalado para darle a un pobre" . Eres un criminal.
Pero... Si robas a los pobres para dárselo a los acaudalados.  Eres hasta presidente.

llueve


Si hubieras visto como llovía.
Tanto mi querido Misifú. Que entre la oscuridad y la luz del faro, las gotas se asemejaban a diminutos luceros.
La orquestación era perfecta entre gotas en el tejado, golpeteos a las hojas en el jardín y las que reciamente azotaban el suelo.
Yo anhelante de ti, porque sería mágico para las letras.
El frío clamaba también la presencia de ella. Pero estaría en otros brazos quizá. O a lo mejor también estaría deseando estar aquí.
Después me costaba respirar, ya había cesado la lluvia y solo estaba la noche, el frío yo y tú ausencia.
Ahora que recuerdo, de ti. Solo queda eso.
Los recuerdos de mis años mosos, de tus tiempos de niña consentida, de nuestras noches de disfraces y de las locuras que nos convirtieron en seres despreciables. ¡Si! Despreciables para aquellos que padecieron a causa de nuestro egoísta ceguera.
Porque la juventud en su adrenalina, nos hace casi como rocas, duros e insensibles. Egoístas al solo pensar en la felicidad pasajera de nuestras formas.
Por eso solo quedan vagos recuerdos que lastiman aún mi presente.
Un día, o una noche intentaste buscarme, como también lo había hecho yo en otros tiempos.
Y supe que seguías siendo hermosa y tenebrosa a la vez.
Huí de ti. 
Casi como espantado. No podía ser nuevamente prisionero de tus apáticos caprichos.
- Edgar Plata -



cada mañana


Cada mañana, antes de que el sol irradie la energía que absorben con sabiduría los perros, las aves y algunos bípedos más. 
Ella ha mojado ya su fresca y radiante piel, bajo los mágicos cristales diluidos provenientes de las montañas.
Cubre sus encantos y apuesta por un color diferente en sus harapos.
Se ha sentado unos minutos frente al espejo, para delinear las ventanas del alma y colorear de cerezas los frescos labios, los mismos que habrán de llevar la palabra mágica, esa misma que atentamente escucharán y asimilarán los pequeños duendecillos vestidos uniformemente.
Ella, ella "es mi amor" y nunca cederá a la furia de los caminos espinosos. 
No será oprimida por los demonios que rodean sus angelicales espacios. 
En silencio avanza por desiertos hasta encontrar  el sedimento del oasis. (Dedicatoria a Yulitza Daza G.)
- Edgar Plata -