Hasta he visto en ellos gracia y puedo reírme de sus sandeces.
Aprendí a sentir compasión por los arrodillados y a desconfiar de ellos; son como perros traicioneros.
De los presuntuosos siento compasión.
Hoy a mi edad, aprendí a ser como la tierra hollada. De ella parte seré.
- Édgar Plata -