Hay que sepultar los cuerpos porque se hacen hediondos, han perdido la esencia del ser.
De aquel que fue deseado, amado y usado, queda su recuerdo y perdurará en la mente de los más cercanos.
Y aún así. Tambien perecerá en los tiempos venideros.
La luz habrá de hacerse cada día más tenue, hasta ser como la noche misma y sin ruido alguno que haya de perturbar.
Viene el dolor de su ausencia.
Y en honor a su memoria, entierras tu paz y tu propia vida con el.