CUANDO YA NO CREES EN NADA.
La Vida es tan corta que no alcanzamos a darnos cuenta de que buscar un sentido o una misión puede ser, también, una pérdida más de tiempo.
Lo sé, porque en esa búsqueda me he perdido mil veces, aferrándome a cualquier cosa que me ayudara a atravesar mis propios desiertos.
Muchos buscan seguridad para sentir que tienen el control de algo, pero la vida se encarga de zarandearnos.
Nos lleva de un lado a otro con sus circunstancias, como si fuéramos hojas al viento.
Creer que controlamos algo es otra ilusión más.
La Mente se aferra a lo conocido.
El Ser Humano tiene mil formas de autoengañarse, creando cuentos maravillosos, historias fantásticas que parecen realidades.
Y así, quedamos atrapados.
Muchos a eso lo llaman vivir en la Matrix.
Lo sé, porque yo también creí en la Matrix.
También soñé con la 5D.
Duele salir del mundo ilusorio.
Duele quitarse El Velo y ver cómo el mundo devora a las presas más débiles.
El Sueño no pertenece al que sueña, sino a quien lo domina.
El verdadero soñador no es quien vive en la fantasía ni quien imagina un mundo mejor.
Es quien se atreve a cruzar Los Umbrales sin temor, porque ya ha enfrentado su miedo.
Una mente lúcida no es un ser despierto.
La luminosidad no es un brillo.
El despierto no es quien acumula información ni cree tener conocimiento.
La verdad, ya cansa ese discurso repetido de caritas sonrientes.
Cansa ese optimismo forzado, trasnochado, comercializado.
El mundo no es un Edén.
La vida no transcurre en un jardín de rosas.
La lucha, la guerra, el odio, la rabia, la ira, están ahí.
Y aunque el Amor puede cambiar el mundo, también puede ser devorado por él.
No hay respuestas.
Solo momentos de lucidez que atraviesan la niebla.
Y eso basta.
A veces, ver con claridad duele más que cualquier oscuridad.
¿Quién serías sin tus certezas?
Salir del sueño no siempre es suave ni cómodo... pero es real.
Y eso, a veces, es todo lo que necesitamos.
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