Alrededor de ellos solo habían seres similares a humanos.
Seres que se autoproclamaban superiores.
Llevan armas, otros sotanas, uniformes, crucifijos y miradas de muerte.
Tanto sufrimiento en la vida de la inocencia y tanta sangre regando los cultivos de odio.
Cuando creí que Dios era un ser lo culpe de su indiferencia y le reclamé enfurecido.
Después, pude comprender que no era así.
No le pedí perdón, solo seguí el camino que el mismo trazó en mi.
Y comprendí que hay seres que son como máquinas, acatan sumisamente sin medir las consecuencias.
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