lunes, 2 de febrero de 2026

Yo

Yo me quedé conmigo mismo 
desde que desperté del letargo
adquirido en los nefastos tiempos 
que fui abatido por tu egoísmo.
— Édgar Plata —

domingo, 1 de febrero de 2026

Tocar

En mi opinión y gusto 
Observar con arte la
bella silueta femenina 
es toda una utopía cumplida
Obviamente habré de desear 
Palpar con ternura y hasta 
endiabladamente su mágica
presencia.
Pero... Como dije: ESTA TORTURA 
                                ME ENCANTA. 

De la calle

La filosofía es de la calle
no está encerrada en baúl
entre alfombras y cofres.
La filosofía es la libertad 
de expresión y no es adicción.
La filosofía no se basa en adoctrinamiento alguno.
Es libre como deben ser 
todos los seres del universo.

la de 40 y 20

La veinte tiene limpias sus carnes
Pero frías y grises sus pasiones 
La veinte vierte jugoso néctar de sus rosadas frutas
La de cuarenta es ardiente y puede generar confusión a la hora de interpretar el deseo, con el amor puro. 
La de cuarenta es... La mía.

cosas

Hay cosas, necesarias para asegurar el valor del mismo milagro de la vida. Guardar un escrito, un dibujo o una obra musical.
Algún día o noche de algún tiempo, será hallado para fines espiritualmente más que humanos.
A veces...
La materia opaca la esencia.
— Edgar Plata —

sábado, 31 de enero de 2026

Mi pasión

Mi pasión no arrastra el hambre 
tampoco luce harapos, joyas ni vanidades.
Mi pasión es la satisfacción de la necesidad por el arte.
Es la mayor recompensa de todo ser que por amor; talla, danza, pinta, canta y escribe.
El arte es esencia del ser y todos de alguna manera, somos artistas. 
Cómo piel, hueso y alma, vivo; y el sustento he ganado en la "cancha" de las calles, en las urbes y montañas.
Hoy, cuando la noche de mi estancia empieza, soy el recolector de los desechos humanos.
Así es como un artista; ha devengado el pan, el techo y sus caprichos. 
— Édgar Plata —


viernes, 30 de enero de 2026

ladrón

En la tierra que alguien robó 
del árbol de mango que otro sembró 
bajé cuatro mangos y por ello
el cuidador del lugar, me ha llamado 
"Ladrón".
Yo, hice como que no oí, y los mangos guardé, subí al coche y me fuí.
Ya en casa comimos mi madre, mi hijo, mi mujer y yo.
Nadie más me ha vuelto a llamar ladrón.
Solo aquel que cuida la tierra qué otro robó, donde está el mango que sabrá Dios quien sembró.
— Edgar Plata —