Yo, solo puedo imaginar que estoy entre tus seductoras montañas, que descanso sobre tus valles, que del caudal de tu fuente bebo hasta saciar la sed de deseo que generas.
Es tu culpa por ser tan hermosa.
Por estar frente a mi, cubierta de nubes y aromas que jamás podré retirar como si fuese un sol.
En la sala, cuelga un caballo de la pared, la ventana es tan grande que cabe la luna y el sol juntos, no tiene puertas, ni cortinas, ni retrete, ni Cocina, ni alcoba, ni jardín, ni tan siquiera es mío.
Pero es el lugar donde vivo.
Algunos transeúntes me miran con desprecio mientras sonrío, veo todos los días el sol, la sombra de la acacia me acaricia y el agua nunca falta.